Guerra

Guerra


Quizá no queremos verlo. Le hemos puesto otros nombres. Creemos estar en paz al transitar por las calles sin una bomba de por medio. 

Pero sabemos que hay bombas, algunas ocultas, otras preparándose. 

Soy un número, una relación costo beneficio para mi país. Creo avanzar en mis proyectos, pero nunca ha existido la certeza de un mañana. ¿Alguien alguna vez escuchará mi voz? A veces lo dudo, es una voz silenciosa, unas teclas por la noche. 

Generación de cristal, le llaman. Yo la aplaudo, aún sabiendo que no entro en la opinión popular. Porque piensa más allá de una lucha. Piensa en un diálogo no unidireccional. Piensa en opciones más allá de los golpes, la guerra y destrucción. Ve más allá. 

Todo hoy en día es sólo un asunto político. ¿Por qué? En parte egoísmo, en parte el quitar e incluso negar la responsabilidad. Es sencillo culpar a un líder. Es difícil estar en el poder, pero aún más difícil es recordar que tienes ese poder y que la historia tiene sus ojos en ti. 

Una cantante hablaba en una canción sobre la tristeza que le producía ver la guerra en otros países, el saberse impotente, y que lo único que podía hacer era escribir sus oraciones y elevarlas al cielo, esperando que de alguna forma pudiesen llegar hasta esas personas y consolarlos amablemente. 

Pensaba mucho en ello cuando tenía 15 años. Ahora veo que quizá estaba equivocada. La mayor parte del mundo atraviesa diversas crisis, no sólo por cuestiones de salud, sino también por recursos y bienes. Lo queramos o no, en realidad estamos en una constante riña interna y externa, algo similar a una guerra, pero con menos bombas y menos escasez. 

Como dije, todo es un asunto político. Si acabamos con el planeta, si se arrojan misiles unos a otros, si se cometen injusticias mientras se pelea por quién tiene el poder... al fin y al cabo, todo es política. 

¡Cuánta destrucción han causado las palabras! Peor aún, lo han hecho los humanos. 

¿Esta es mi humanidad?

7 mil millones de personas ahí afuera... y todos afrontamos nuestras luchas. Somos la única vida que podemos controlar. Si quizá pudiésemos afrontar ese simple hecho, las cosas serían  un poco mejores. 

Vivir y dejar vivir, respetar la libertad ajena, pero esforzándonos día con día para ser una mejor versión de nosotros. 

Esa utopía se aleja cada día un paso más. Mientras, el mundo se adentra a pasos agigantados en una guerra no declarada del todo, hundiéndose en las tinieblas. 

Y las personas olvidan que cada una tiene un poquito de luz dentro. 



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